sábado, 13 de enero de 2018

Cualquier rincón. . .

Decía a mi primo, mientras paseábamos a tiro hecho perdiéndonos por Sevilla, que mirases donde mirases siempre encontrabas un rincón de historia en esta nuestra ciudad.

Pocos sevillanos - salvo los que se hayan alojado - saben de la posibilidad de visitar uno de los hoteles más emblemáticos vecino de Santa María "La Blanca".

Con una historia que nos remonta a fueros concedidos por Alfonso X el Sabio a los artesanos y comerciantes de la entonces judería sevillana, pasando por el auge económico de la pequeña nobleza sevillana enriquecida con el comercio de las Américas en los s. XVII y XVIII, y el declive y posterior uso de casas vecinales e incluso una vaqueriza; hasta una rigurosa restauración y conservación por parte del Duque de Segorbe. Es admirable como se conservan para deleite del visitante y el huésped todas estas construcciones al servicio de la hostelería sevillana.


Y mientras recorremos la zona que amablemente el personal de recepción nos permite visitar, parece que la atmósfera cambia, en el murmullo relajante de fuentes, la más completa tranquilidad, apenas interrumpida por los afanados miembros del personal de mantenimiento que hacen su milagro de que estas instalaciones permanezcan en perfecto estado y conservando unos artesonados de madera que dejan embobado al visitante, este servidor.


Recorremos callejones y patios que conservan su naturaleza inicial intacta, o al menos como el poder del tiempo y la mano inteligente de los restauradores han podido conseguir.


Espacios íntimos y recogidos, donde como digo es el agua, una vez más omnipresente la que rompe el silencio.


O patios de lo que mal llamamos estilo sevillano, pero que mucho se da en esta ciudad abierta al visitante con la amabilidad que nos caracteriza.


un visitante que no puede dejar ociosa su mirada ante trozos de historia aquí y allí, con nombres pintorescos dados por antiguos palacios, u ocupantes, tales como Casa de Mose Bahari, Patinillos del Adarve, Casa del Pozo Adarve, Salón del Marqués de Villamanrique, Palacio, Jardín y Patinillo de los Padilla, Casa del Jurado, etc.


Y la eterna presencia del agua, nuevamente. Hay rincones que dejan aires de medioevo, otros dejan ver la presencia de profesiones de antaño reflejadas en nombres como Casa del Relojero o la Casa del Tallista, de los Músicos, e incluso del Escribano


Y hablando de escribano, al regresar a recepción tras describir lo impresionados que estábamos, amablemente nos facilitaron la historia del lugar que no es corta y, por supuesto salió el coleccionista, fue mi primo quien consiguió de la amabilidad del personal el bolígrafo siguiente:


Por lo que no solo tenemos que agradecer su amable acogida, sino también su generoso proceder. Invito a todos a visitar este estupendo hotel que nos ofrece un pedacito de historia comprimido que se alojará en vuestros corazones para siempre.


Un saludo muy grande.

El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor. Horacio

Nuevos agradecimientos.